"EN MEMORIA DE ROSA MARIA GRACIA (ROXY) + 12/01/2014" "Hoy decidí que me quiero morir. No dire las razones ni el fín. Hoy decidí que me quiero morir, quiero morir para estar junto a ti"

viernes, 24 de enero de 2014

cristianos por cumplimiento, cristianos por tradición, cristianos por costumbres, cristianos por superstición, cristianos por obligación, cristianos por conveniencia, cristianos auténticos

Un hombre que acababa de encontrarse con Jesús Resucitado, iba a toda prisa por el Camino de la Vida, mirando por todas partes y buscando.
Se acerco a un anciano que estaba sentado al borde del camino y le pregunto: "Por favor, señor, ¿ha visto pasar por aquí a algún cristiano?".

El anciano, encogiéndose de hombros le contesto: "Depende del tipo de cristiano que ande buscando".
"Perdone", dijo contrariado el hombre, "pero soy nuevo en esto y no conozco los tipos que hay. Solo conozco a Jesús".

Y el anciano añadió: Pues si, amigo; hay de muchos tipos y maneras. Los hay para todos los gustos: 
"Hay cristianos por cumplimiento, cristianos por tradición, cristianos por costumbres, cristianos por superstición, cristianos por obligación, cristianos por conveniencia, cristianos auténticos..."
"¡Los auténticos! ¡Esos son los que yo busco! ¡Los de verdad!", exclamo el hombre emocionado.
"¡Vaya!", dijo el anciano con voz grave.
"Esos son los mas difíciles de ver. Hace ya mucho tiempo que paso uno de esos por aquí, y precisamente me pregunto lo mismo que usted".

"¿Como podré reconocerle?"
Y el anciano contesto tranquilamente: "No se preocupe amigo. No tendrá dificultad en reconocerle. Un cristiano de verdad no pasa desapercibido en este mundo de sabios y engreídos. Lo reconocerá por sus obras. Allí donde van, siempre dejan huellas."
 

jueves, 23 de enero de 2014

El Vicario general de Mallorca se muestra a favor del «matrimonio» homosexual y del aborto en algunos casos

Por fin vamos haciendo nuestro el parrafo de Lucas 6, 36-38  donde Jesús nos dice;
"Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo. No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados. Dad y se os dará; porque con la medida con que midáis se os medirá"
Tambien en Juan 8 3.11encontramos un parrafo dedicado a lo mismo, esto es ha no juzgar a los demas, sino a juzgarnos primero a nosotros mismos.

" Los escribas y fariseos le llevan una mujer sorprendida en adulterio, la ponen en medio
 y le dicen: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio.

 Moisés nos mandó en la Ley apedrear a estas mujeres. ¿Tú qué dices?»
Esto lo decían para tentarle, para tener de qué acuasarle. Pero Jesús, inclinándose, se puso a escribir con el dedo en la tierra.
 Pero, como ellos insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: «Aquel de vosotros que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra.»
 E inclinándose de nuevo, escribía en la tierra.
 Ellos, al oír estas palabras, se iban retirando uno tras otro, comenzando por los más viejos; y se quedó solo Jesús con la mujer, que seguía en medio.
Incorporándose Jesús le dijo: «Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado?»
Ella respondió: «Nadie, Señor.» Jesús le dijo: «Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques más

 

 El sacerdote Antonio Vera ha sido el director de Cáritas diocesana de Mallorca. Desde hace cuatro meses es el Vicario general de la diócesis balear. 

No dice no a todos los abortos. A favor del «matrimonio» homosexual 

- ¿Cómo ve la polémica que ha suscitado dentro del Partido Popular la reforma de la Ley del Aborto? ¿Qué opinión tiene de la polémica reforma?

Hablar del aborto en seco me resulta difícil. No digo que no al aborto en ningún caso, sino que es un tema que debe reflexionarse mucho. Una cosa es cuando se ha producido una situación compleja y concreta como puede ser una violación y otra cosa es el relax de decir vivamos como queramos y una vez hecho, decidir abortar. Cada caso es cada caso, no debe generalizarse. Creo que es necesario reforzar la educación sexual entre los jóvenes y enseñarles la parte positiva de la sexualidad. La sexualidad es bella y por eso hay que cuidarla y embellecerla todavía más, debe ser un acto de amor.
- ¿Qué piensa sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo?
La Iglesia debe acoger y respetar la decisión de las personas, debemos ser comprensivos con esta gente y verlos como dos personas que desarrollan su estima con normalidad. En mi caso, por generación, me cuesta asumirlo, pero no soy nadie para juzgar su estima (amor), los acepto perfectamente, al igual que el Papa.

Leer toda la entrevista


martes, 21 de enero de 2014

La dura decisión de una sedación terminal



 Cuando el médico sale de la habitación y te dice que habrá que pensar en aplicar una sedación terminal, porque tú mujer va a fallecer en las próximas horas; el mundo se hunde bajo tus pies.
 ¿Cómo puede ser si habíamos acudido por un mal control del dolor?, ¿debería de haber acudido antes a urgencias?, ¡pero si hace tres días me estaba diciendo que si salía el sol saldríamos a pasear mientras la bañaba!
Te agarras a una última esperanza y ruegas que realice la toraco que tenía prevista por si, al reducir la acumulación de líquido pleural, los síntomas remiten. El te mira compasivo y accede sabiendo, que por mas liquido que saque  “Alea iacta est” y que morirá por sus complicaciones pulmonares, axfisiada.
Pasas la noche sentado junto a ella esperando, que en cualquier momento, un gesto denote una leve mejoría pero no, la suerte está echada y al despuntar el alba no te queda otra cosa que hacer que llamar al capellán y comunicar al doctor tu decisión.
 Sabes que en el momento en que el proceso comience has quemado tus naves, la retirada ya no es posible. Vuelves a sentarte en la silla y a coger su mano, escuchas su estertor agónico, ves como por momentos le va faltando el aire y que el oxigeno que se le suministra ya no surte ningún efecto, la sedación es tan suave que debes de llamar al enfermero para que le administre algo para el dolor. Aguantas el llanto, porque sabes que incluso los enfermos en coma sienten y no quieres que sufra por ti. Llegado el momento, cierras sus ojos y llamas al timbre de enfermería, todo ha terminado para ti aunque sepas que para ella comienza una nueva vida, libre de llanto y de dolor. Agradeces a Dios que te haya permitido cuidar de ella y que en ningún momento estuviera sola, la paciencia que te ha dado para atenderla y sobre todo que haya tenido una agonía tan sumamente corta.
 Vuelves a casa pero ya no es la misma, esta silenciosa, falta algo, falta su presencia. Comienza el duro retorno a la vida, a una vida sin ella. Sientes el apoyo de tus hijos, de las personas que te aprecian, pero ese vacío no se puede llenar. 
Fueron muchos años felices juntos, ahora tan solo queda esperar que el señor te llame a su lado y puedas volver a reunirte con ella.

Creo en la vida eterna Por Monseñor Tihamér Tóth



Creo en la vida eterna

Compendio de su  libro

Capítulo I

 Que nuestro Padre celestial nos conceda una firme e inconmovible fe en la vida eterna; y, más aún, que vivamos de tal manera que lleguemos a gozar de una eternidad dichosa, y que en la losa sepulcral de cada uno de nosotros puedan inscribirse las palabras que Luis VEUILLOT (1813-1883), el gran periodista católico francés, compuso para su propio epitafio:

“Después de la oración final, colocad sobre mi tumba una pequeña cruz, y en memoria mía no escribáis sobre la lápida sepulcral más que esto: “Creyó y ahora ve”.

¿De qué le sirve al hombre ganar todo el mundo si pierde su alma?” (Mateo 16,26)

¿Existe o no el otro mundo? Esta cuestión no la podemos esquivar. No podemos actuar como el soldado del cuento que en el combate, en medio de una lluvia de balas, empezó a orar de esta manera: “Dios mío (si es que hay Dios), salva mi alma (si es que hay alma), para que no vaya al infierno (si es que hay infierno); sino que entre en el cielo (si es que hay cielo)”. No podemos vivir con esta gran duda. Debemos estar convencidos de si hay o no vida eterna. Porque ¡cuán diferente será toda mi vida si creo o no creo en el más allá!
¡Qué distinta es la misma muerte según crea o no en la vida eterna!
  Muere el incrédulo y también muere el creyente; pero hay una diferencia tan grande, como de la tierra al cielo, entre la muerte de uno y de otro. El incrédulo se agarra con desesperación a la vida que se le escapa. Mas el creyente, a medida que se acerca al final de su vida se siente más cerca de Dios, se hace más profundo y juicioso, ora con más fervor. Así espera el momento postrero lleno de solemnidad.
  La vida es un correr hacia la muerte. En efecto: la vida es un morirse continuo, y solamente en la hora postrera de la vida cesamos de morir.
  ¡Y es que algunas veces suenan tan vacías y tan formalistas las  palabras de consuelo! “También a mí se me murió mi madre.” Pero ¿es esto un consuelo para mí? Y estas otras: “El tiempo mitigará el dolor que sientes... el tiempo cicatrizará la herida que ha dejado en tu corazón.” “La recordaremos siempre.” “¡Ha tenido una muerte tan tranquila! Se durmió apaciblemente.” ¡No, no! Sólo la fe en la vida eterna es lo que me puede dar verdadero consuelo: “¡Seguirá viviendo y nos volveremos a ver!” Sólo así son “bienaventurados los que lloran —los que de esta manera lloran—, porque ellos serán consolados” (Mateo 5,5).
  Realmente, la gran sabiduría de la vida es ésta: mirarla desde el punto de vista de la muerte, y mirar la muerte a la luz de la vida eterna. Así, se transforma la muerte en la gran niveladora y la gran orientadora de la vida. Al triste y al dolorido le dice: ¡Ten paciencia, ya no durará mucho! Al superficial y frívolo le dice: ¡Cuidado, todo se acaba muy pronto! Al engreído: ¡Espera, espera un poco, ya verás qué será de ti! Y al que lucha con tesón haciendo el bien: ¡Persevera, que al final alcanzarás tu galardón!

 
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